Algún rincón de Ovalle

SUSURROS DE LOS MOLINOS DE VIENTO LXIII - EL GUELO

El Guelo era otro de los amigos de juegos y también pateaba la pelota, Norma. Lo veo desgarbado, dando trancos largos, cada uno de sus pasos daba la impresión que no era seguro, como si no estuviese pisando en firme, como si hubiera sufrido de algún problema físico, pero él era así, alto, no caminaba bien recto y el pelo siempre se le caía en los ojos, con mayor razón cuando se había pegado unos tragos.

Susurros de los Molinos de Viento LXII - El Pirulo

El Pirulo corría como liebre, Norma, es lo que más recuerdo. Aparecía como a las seis de la tarde, un rato antes de que se fuera la luz y jugábamos a la pelota o con las bolitas en plena vía pública. La calle larga, Norma, era el campo de juegos para los punitaquinos, aunque a veces íbamos a la parte trasera de la casa de don Humberto Martínez, amurallada, no podíamos precisamente entrar al patio de esa casa donde había un pique profundo, oscuro, si en otros tiempos había sido un proyecto de noria o pozo para extraer agua, hacía mucho que estaba en desuso y seco con un montón de piedras en el fondo, eso decían quienes se habían metido en el interior de esa profundidad.

El Diablo en La Capilla

Esta historia ocurrió en una aldea vecina al este de la Villa de San Francisco de Borja de Combarbalá, distante a una legua y media y, por hoy se le conoce con el nombre de “La Capilla”. Sin pecar de presunción ni tampoco en lo banal de lo que puede ser una leyenda, y siendo mesurado y en su justo equilibrio de las cosas, podría pensarse que la construcción de su capilla y el nombre que dio su origen a esta localidad “La Capilla” tiene sus inicios, si no es cierto, en el siguiente relato: Seguir leyendo »

Distribuir contenido
Portada Arriba