Es el pueblo, Norma, con ese vientecillo que sopla suavemente cuando viene el cambio de las estaciones. El pueblo y el tiempo con aquellas cosas de la calle que hoy se sienten diferentes pero que en lo más secreto de su espíritu siguen existiendo. Como aquella noticia que se propagó a todos los rincones. Una mañana alguien dijo: “se incendió la mina”. Y literalmente era así. Seguir leyendo »