Columnistas

Desde Valdivia

Llegó a la “Perla del Limarí” proveniente de Valdivia, la ciudad de los ríos, allí donde se baña la luna en el Calle Calle en noches de enamorados. Una ciudad lacustre, en la que su gente además de utilizar caminos y carreteras, también navega de un lugar a otro en todo tipo de embarcación, trasportando sus productos de una ribera a otra. Seguir leyendo »

Carta al pascuero

Señor en este día que nace
Vengo a pedirte paz sabiduría
Y fuerzas…
Hoy quiero mirar el mundo
Con ojos llenos de amor,
Y pensar en aquellos
Callados y silenciosos
Que la adultez
Nos deja oxidado… Seguir leyendo »

Banda ovallina Bostton presenta su primer video

Solíamos tener un columnista que se dedicaba a las temáticas musicales de nuestra ciudad (gracias a él conocimos bastante a Junior Capacho y a los Polter), pero hace tiempo no hemos sabido de él. Mientras tanto ha surgido una nueva banda que nos presenta un video de bastante calidad, con nuestra ciudad como protagonista, el cual quisiéramos compartir con todos ustedes. Como no contamos con nuestro columnista especializado, les presentamos el video sin más que los datos proporcionados por la propia banda Bostton:

La cabra Chichi

Se sienta a la sombra de un frondoso espino, va tocado de un sombrero de ala ancha y entre sus manos sostiene un callado y una radio, que hablan de soledad y lejanías. Se pasa gran parte del día al aire libre, vigilante y a la vez pasivo. Es un “cabrero” o pastor de cabras cuya vida diaria transcurre de sol a sol con ellas, llevándolas por laderas y cerros., las mantiene separadas en dos “piños”: las lecheras y las secas., para las primeras busca los mejores pastos, para las segundas todo lo verde es bueno. Seguir leyendo »

A cuidar el bosque

Basta una chispa, una fogata mal apagada, un cigarrillo encendido que caiga en el pasto seco y el fuego se inicia tímidamente primero y luego el viento se encarga de aportar su cuota de maldad haciéndolo crecer hasta lo insospechado o lo incontenible. Tengo la impresión que eso es lo que ocurre en el bosque - que además de engalanar la ciudad es su pulmón verde; los bomberos – cada vez que hay un incendio – le dedican horas de trabajo para apagarlo y muchas veces no es un solo foco, por el contrario tres o cuatro a la vez. No importa si es de día o noche, ellos emprenden una tarea abnegada y voluntaria, hasta controlarlo, contenerlo y evitar que se propague. Lo hacen una y otra vez, aún a riesgo de su propia vida. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento LIX - Mi hermano mayor

Créeme Norma que cuando niño era arriesgado pero no tan valiente. A veces decidía jugarme el pellejo en cosas sencillas de la infancia, como meterme a un huerto ajeno saltando una muralla para sacar furtivamente alguna fruta y sentir la emoción de la acción que no debía cometer, generalmente eran peras o los pomelos que amarilleaban en una plantación del fundo de La Higuera, tengo la idea que esa propiedad tenía cuidadores permanentes. Las matas de pomelo daban prácticamente al estero, si llegábamos a pasar por ahí –de cuando en cuando- aprovechábamos la oportunidad para realizar la picardía, en ese instante secretábamos la adrenalina de lo no permitido, el cítrico, que yo sepa, no había en otros sitios. Seguir leyendo »

Reencuentro en El Palomar

En una oportunidad, hace muchos años atrás, Floridor me lo dijo: usted es como las palomas que vuelven al palomar… efectivamente había regresado para asistir a una ceremonia de graduación del CAE y me encontré con él en las escalinatas del edificio de la colina. No pude hacer otra cosa que sonreír y saludarlo con cariño lleno de recuerdos de esos días en que él soportaba hidalgamente mis escondidas en el “desfilero de las termopilas”, siempre pidiéndole o más bien implorándole que no cortara los pinos, de tal forma que, el “desfilero” se mantuviera sellado y secreto, donde podíamos entrar por entre medio de ramas y aroma a tierra, para copuchar un pucho maltrecho y de cualquier origen. Seguir leyendo »

De vuelta en Ovalle

La vida tiene tantas vueltas como “revueltas” tiene la bajada de la colina donde estaba mi Colegio, es casi increíble, pero por esas cosas inexplicables del destino he vuelto al lugar donde pasé mis años infantiles y adolescencia vestida de uniforme, capa y sombrero. La ciudad de antaño me parece casi la misma, sin más cambios que extensas poblaciones que la rodean como un cinturón y que se extienden de cordillera al mar, siguiendo la ribera del escuálido río Limarí. Las laderas del cerro (hacia el norte) o parte alta de Ovalle, ahora se ven pobladas, y en el valle aún quedan viñas y huertos. El antiguo Bosque de los Corral presenta renuevos de eucaliptus, que me hablan de explotación para leña o varas. Seguir leyendo »

Los Barrancos del Diablo

El Barranco Reinoso, allí donde por décadas ha reinado El Diablo, se mantiene erguido e imponente, entre los farellones rocosos verticales y rojizos que flanquean la estrechez del río de Pama. En ese punto de estrangulamiento, de paso obligado, en la cabecera norte del valle fértil, permanecen enhiestos los Barrancos. Allí, donde las aguas agargantadas y turbulentas viajan culebreando, eludiendo pendientes, saltos y meandros para remansarse en enormes lagunas de aguas claras y profundas, asimilando espejos de aguas, en donde se reflejan los barrancos rojos bermejos. Moles de piedras de apariencia calma, sumidos en sueños de letargos apacibles para decenas de bañistas que acuden al río en la época estival, sin conmensurar la maldad misma de la existencia del Demonio. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento LVIII - El mundo de los volantines

Los volantines siempre fueron parte de nuestros juegos de niños, Norma y también diría de aquellas ilusiones que despertaban en los meses de invierno, multicolores porque esa era la característica del papel fino, una variedad para todos los gustos. Cuando llegaba julio cualquiera inauguraba la temporada, bastaba que fuera un solo niño y el resto lo seguía. A veces aparecía un volantín solitario en el aire, precisamente en El Alto, aquel sendero que si la memoria no me deja mal, comenzaba al frente de la carnicería de la familia Huerta, junto a la casa donde vivió un buen tiempo la profesora Eliana Canevaro, esposa de Diego Jopia quien casi siempre andaba vestido de huaso pero nunca tuve la oportunidad de verlo sobre un caballo, ahí, había una entrada libre para quien quisiera, el transeúnte solo se topaba con algunas hebras de alambre de púas, el típico cierre que solían poner con unos cuantos palos de eucalipto para impedir que entraran los animales. Justo en ese punto empezaba el trayecto paralelo a la calle larga, decían que era más corto si se quería cruzar todo el pueblo. Seguir leyendo »

Distribuir contenido
Portada Arriba