Columnistas

Susurro de los molinos de viento XXXVIII - Calle de evocaciones

Esa calle dice de evocaciones, Norma. De épocas que pertenecieron al tiempo. Yo sé que Punitaqui ya no es el mismo, pero sigue siendo nuestro y ese pueblo nuestro, para nosotros es y siempre será diferente.

Susurro de los molinos de viento XXXVII - Silabario para el más allá

El hombre llegaba en cada atardecer para sentarse en la misma vereda, justo en la casa de don Humberto Rojas, el almacenero que siempre estaba a la expectativa detrás del mostrador, ávido de clientes, así lo conocí, Norma. Entonces, acaso yo habría alcanzado los cinco años, cuando apenas era una gota, tú ni siquiera nacías.

Pasión flamenca en Ovallito

Han pasado los días suficientes para resguardar el secreto y la identidad de los participantes de una ceremonia en la cual se rindió honores al pagano ritmo del flamenco.

Susurro de los molinos de viento XXXVI - Madre campesina

La mujer vino del campo, Norma. Llegó al pueblo un día cualquiera y nadie reparó en ella. Irradiaba timidez, humildad campesina. Posiblemente traía un atado de ropa metido en un saquillo de color blanco con la boca bien amarrada para que no se fuera a perder nada.

Susurro de los molinos de viento XXXV - Recuerdos son recuerdos

Los recuerdos son los recuerdos, Norma y siempre permiten viajar hacia lo retrospectivo. En cuarto curso de preparatoria me regalaron a “Bonzo” y evocar la historia de mi perro me transportó a unos pocos años antes, plena infancia, cuando luchaba por aprender a escribir y leer. Entonces el panorama era muy diferente.

Vivir en una nube y/o el último (primer) video de Junior Capacho

La habitación olía a calcetín de deportista, a bolso de futbolista, a toalla dentro de una bolsa plástica, a polera en el fondo del canasto.

Es que el dueño de pieza estaba durmiendo una siesta de caña desde medio día, y a las seis de la tarde con las ventanas cerradas el aire se convirtió en algo orgánico, palpable en su organicidad.

Susurro de los molinos de viento XXXIV - Mi perro “Bonzo”

No sé si existirá un cementerio de perros, Norma, no obstante cuando a cualquiera de ellos le llega el final, no falta quien se encargue de hacer un hueco en la tierra lo más hondo posible para que el animalito vuelva a un ciclo vital de la vida, sin llegar a ser festín de los jotes que siempre revolotean con el consabido planeamiento cuando descubren la presencia de algún animal muerto en cual

Susurro de los molinos de viento XXXIII - Minero empedernido

A veces me pregunto, Norma, por qué los viejos no están, por qué tenía que llegar el momento en que tuvieron que irse para siempre. Sin ellos la calle no es igual.

Susurro de los molinos de viento XXXII - El ermitaño

Pequeño era yo cuando el hombre, muy rara vez, aparecía en el pueblo, Norma. En ese entonces no había ni un centímetro de pavimento en la calle larga, aunque sí en las veredas hasta la plaza.

Susurro de los molinos de viento XXXI - La María del Cerro

Cuando niño me iba al cerro con Eliberto o el Wilson, Norma, porque me gustaban las correrías de liebres. Llevábamos los dos perros que yo tenía, el León y el Roldán. El primero era café con unas manchas blancas y el otro más blanco que negro, mezclado con raza de perdiguero.

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