Columna personal

Entre cazuelas de pavo, chupilca y empanadas…

Entre cazuelas de pavo, chupilca y empanadas…

“En el rodeo e’ los Andes comadre Lola, le pegaron su puñete al guatón Loyola…” al despuntar el 18 de septiembre, en ayunas don Celestino servía la chupilca, harina tostada con vino tinto, del quechua –cupilca- que significa harina mezclada con chicha; fécula de trigo tostada en la callana, vasija de greda utilizada por los incas para tostar granos de trigo y maíz. Pero más allá de estas disquisiciones etimológicas, importa que las fiestas patrias llegaban en ayunas y emperifolladas de vino tinto, venían a faenar el pavo y preparar la cazuela criaturera con todo tipo de verduras, debajo de la ramada y con el fuego crepitando en la hornilla que se calentaba esperando las empanadas caldúas… mi alma.

Y “La rosá… la rosá con el clavel… mi vida hicieron, hicieron un juramento… mi vida y pusie.. y pusieron de testigo a un jazmín y un…” pareciera que hasta los cancerberos de Huamalata celebraban las fiestas patrias, lamiéndose y relamiéndose las fauces, espoleados por el aroma a vísceras de pavo… mientras en el rústico mástil de eucalipto, empotrado al dintel de la puerta principal de la casa flameaba ella, la insignia tricolor que resume el imaginario colectivo de esta larga y angosta espada de ilusiones…” allá va la muerte me está esperando… allá va… debajo de la enramada” retumban las ondas de Radio Norte Verde de Ovalle… en tanto en la ennegrecida olla borbotean las presas del pavo, a su lado, en la descomunal sartén se retuerce la cebolla con ají de color, comino, pimienta y un cuanto hay de aliños y fragancias base del pino que elicita el tubo digestivo de todos los comensales.

Arriba… en el calvario huamalatino, después de haber desfilado en el acto cívico en homenaje a la Independencia, ya estaban los rapaces luchando por elevar los multicolores volantines, - está cargado pa’l cerro oooh, hay que acortarle el tirante del bajo-; -…ya échalo… échalo te dije pu…-, el cielo exhibía su azul intenso, límpido, hacia el poniente se avizoraban algunas nubes de albóreos pañuelos, como preludiando la jornada cuequera que esperan iniciar los adultos entre chicha y empanadas… claro que todo ello después de la cazuela. - Está lista la pechuga hay que picarla no más, porque los huevos duros se están enfriando-, huevos de gallina -cogote pelado-, ¡Salud por la Patria y la familia i’ñor !; ¡ya pue’h que los niños vengan a almorzar antes que se enfríe to’o!.

En las rústicas bancas sentados ante los humeantes platos, con la imaginación clavada en los volantines, se alimentaba el mañana de Chile; mientras la madre, con su impoluto delantal florido, distribuía equitativamente las porciones cuidando que nadie desperdiciara una gota de cazuela. Se almorzaba afuera, bajo la ramada, allí sobre los toscos tablones de la mesa donde se pelaban los chanchos se extendía el hule del comedor y ¡sólo el que se come toda su empanada podrá ir a la gincana! Sí señores, porque el cumpleaños de la Patria también exigía orden.

La gincana, derivado del sustantivo inglés gymkhana, que significa concurso en que los participantes deben pasar por variadas pruebas antes de llegar a la meta: carreras de ensacado, carrera de tres pies, sacar la moneda del plato con harina, enhebrar una aguja, llevar un huevo en la cuchara, inflar un globo. En fin, pruebas que se realizaban en la escuela del pueblo, para desencadenar el humor y entretención de los más pequeños. Todos soñábamos ganar alguna prueba, para granjearnos el aplauso del público.

Finalmente, cuando la noche tendía su manto sobre las chilcas del río y los paltos, impertérritos enfrentaban el alud de las sombras, entonces se desencadenaba la fiesta en la sede del club deportivo Esmeralda. Allí se presentaban los huasos ladinos haciendo rechinar las espuelas… en busca de amores profundos o furtivas conquistas; en iguales bancas de madera, con ojos entornados y fragancia de hembra hipnotizando el viril impulso de la vida, ellas, “las chinas”, esperaban la invitación a la pista para liberar los irresistibles efluvios de sus desnudas rodillas. Era la hora en que los más viejos recuperaban fuerzas para la pampilla en Los Peñones, pero éstos, acicateados por la bravía potencia de los primeros estadios de la sangre, seguían apisonando el regado piso de tierra del heroico club Esmeralda… acosando a su ninfa en zapateados ruedos y, muchas veces, ante el desenfrenado ímpetu patriótico aguijoneado por las excrecencias pipeñas, brillaron los filos de algunas dagas para zanjar “como hombres” la disputa de faldas… eran las fiestas patrias en Huamalata, tiempo que el tiempo desempolva en la nostalgia, ¡Salud… y Viva Chile y Ovalle… coterráneas y coterráneos!

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Comentarios

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Estimado José
Muy bueno tu último artículo referente a las Fiestas Patrias,dan ganas de que empiecen ya¡¡¡¡ y ojalá poder pasarlas en el terruño,aunque sé que es difícil.
Con respecto a la posibilidad de que tus escritos sean divulgados a través de algún medio,como hablamos anteriormente,te cuento que me comuniqué con el Sr.José Blanquer en el Diario El ovallino y le pareció interesante.Sería muy bueno que tú te comunicaras con él para ver la posibilidad.Los teléfonos y los correos aparecen en www.diarioelovallino.cl en la sección contactos.
Te saluda afectuosamente
Roberto Alamo Yagnam

Comentario: 

José Manuel, en realidad dan ganas de ir a visitar todo aquello que nos ofrece Ovalle en las Fiestas Patrias, pero también te ofrecemos la hospitalidad que ofrece Antofagasta, y sus ramadas, no tan sólo las populares sino aquellas que encuentras en diversas partes, o de lo contrario siempre tú puedes hacer tu propia ramada con gente que te estima y que está contigo.
Tengo la suerte de conocer Ovalle y tengo familia allí, y te puedo decir que es gente muy calida y lo que les envidio es aquel mirar y ver el verde por todos lados, aquí todo es café, color de cerros o azul color del mar.
Pero somos todos una gran familia, compartamos nuestras experiencias y diversos colores que vemos, y seamos un solo Chile.
Aquí te puedo tutear, ya que dejo de ser tu alumna.

M. V.

Comentario: 

Manuel:

En San Julián también comemos cosas interesantes, y como prueba te invito a revisar la serie de artículos titulada Lo que comemos los sanjulianinos:

http://sanjulian.ovallito.cl/comidas1
http://sanjulian.ovallito.cl/comidas2
http://sanjulian.ovallito.cl/comidas3

Comentario: 

Me resultó gratísimo leer su artículo, cargado de evocaciones dieciocheras en Huamalata. No es fácil describir costumbres, canciones y platos de comidas en la forma en que Usted redacta, toda vez que la nostalgia de trasfondo irradiada al lector traen en evocación los buenos tiempos ya pasados.
¿Tiene otros artículos que me indique para leerlos?

Felicitaciones.

Comentario: 

Gustavo…gracias por su comentario y valoración de mi trabajo…en relación con su pregunta debo responderle que en este dierio electrónico hay varios trabajos míos en paginas del año pasado…usted puede acceder a ellos pinchando los numerales que aparecen aabajo de cada página en la sección principal. Un gran saludo para usted, si tiene problemas para encontrarlos sólo avíseme para ver modo de hacerle llegar mis trabajos, en este diario tambioén tengo un blog. Suerte para usted y le reitero mi gratitud por su atento comentario. José Gaete.

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