Columna personal

Las ciruelas flotantes de la esperanza

Las ciruelas flotantes de la esperanza

Este extraño y fantástico fenómeno ocurre en la localidad de San Félix, a 20 minutos de Ovalle.

Es posible observar que los pequeños y coloridos frutos se encuentran flotando sin una unión aparente con las ramas del árbol.

Los lugareños se encuentran divididos en tres grupos importantes en función de este particular evento, están los que no creen, pues no ven nada; los que creen pues logran apreciar que las frutas flotan; y los que no se interesan.

Del primer grupo podemos decir que son la mayoría, no logran entender cómo es que otro grupo de personas se empeña en afirmar que las ciruelas de este árbol se encuentran en el aire. Luego de argumentar con un discurso breve y hasta limitado (suelen decir que no ven nada porque no no más), rápidamente se irritan y desprecian a quienes no están de acuerdo con ellos, son comunes de parte de estas personas los ataques verbales y hasta físicos. Evidenciando niveles bajísimos de tolerancia a la frustración, así como altos niveles de violencia manifiesta y latente.

Por otra parte quienes afirman que las ciruelas están en el aire, atribuyen la capacidad de apreciar el fenómeno a un estado de ánimo y emocionabilidad favorables con la armonía que generalmente impera en la naturaleza con poca alteración humana. En este grupo destacan personas religiosas y místicas, con convicción en sus creencias y de respetuoso trato. Algunos inicialmente provienen del primer grupo, no obstante, afirman, su necesidad de creer en algo les permitió poco a poco lograr ver cómo las ciruelas permanecen suspendidas en el aire y muy pegadas al ciruelo hasta que maduras se dejan caer.

El regocijo de humildad que experimentamos fue inmenso, la tibieza de la esperanza era por decirlo de alguna manera, revitalizante, una tibieza refrescante, un sentir liberador. Una comprobación de esperanza.

Asistimos hasta el lugar luego que un mensaje informara acerca de este particular evento de la naturaleza.

Cabe señalar que fue muy difícil encontrar el lugar en cuestión debido a que no existe señal o letrero alguno del sitio.

Era de esperar que quienes no creen se opongan a informar de un elemento que atenta contra su racionalidad, mientras que quienes creen, manifiestan la idea de no alterar el equilibrio haciendo propaganda de un descubriendo que se debe llevar a cabo a nivel personal.

Luego de meditar largamente al respecto decidimos buscar el árbol con una actitud favorable, es decir, ya convencidos de que existía, con la confianza en que nuestra predisposición nos permitiría presenciar una maravilla de la naturaleza.

Es así como nos preparamos emocionalmente, desentendiéndonos de la morbosidad que pudiera contaminar el acto de observar con fé.

Cuando gracias a indicaciones sutiles nos acercábamos al lugar, nos devolvimos un par de veces pues a pesar de nuestras buenas intenciones, solíamos caer en la ansiedad propia a nivel profesional, de acceder a una noticia de alto impacto social. Y temimos perder la claridad de visión necesaria.

Nuestro equipo de reporte, el camarógrafo y yo el reportero, hemos forjado una larga amistad que nos ha permitido con los años entendernos en muchos niveles. Y logrado alcanzar un alto grado de sinceridad y mutuo conocimiento. Es gracias a esto que uno a otro percibimos los momentos en que no estábamos listos para acercarnos al ciruelo.

Luego de un par de días acampando en los potreros cercanos, y de comunicarnos en silencio bajo un maravilloso cielo estrellado, despertamos un día con la convicción de que estábamos preparados para encontrar lo que buscábamos.

Asistimos sin cámaras, y nos acercamos por intuición luego de caminar alrededor de media hora casi en línea recta.

Encontramos el árbol, y cerca de él a un niño de unos cuatro años que comía tranquilamente de sus frutos.

Las ciruelas flotaban, fue la primera impresión.

El regocijo de humildad que experimentamos fue inmenso, la tibieza de la esperanza era por decirlo de alguna manera, revitalizante, una tibieza refrescante, un sentir liberador. Una comprobación de esperanza.

Cogimos algunas y percibimos que no flotaban sueltas alrededor del árbol, si no que permanecían unidas a él por una fuerza rígida, por una especie de tallo invisible.

Comimos algunas y su sabor era tan maravilloso como las ciruelas de cualquier feria.

El niño se alegró de nosotros y compartió algunas de las más maduras que atesoraba en su polera.

Mi amigo sacó su celular y lo fotografió cuando descolgaba algunas.

Ese fue el único registro de las ciruelas que nos atrevimos a captar. Con la idea quizás de compartir al mundo el poder de la inocencia.

Estoy seguro que sin esfuerzo alguno ese niño veía flotar las ciruelas.

Ahora que somos parte del segundo grupo invitamos a quienes tenga esa tendencia o esa necesidad de creer, que vayan a San Félix, el camino no es bueno pero la llegada vale la pena y el esfuerzo. La temporada de ciruelas se acaba en estos días, si no, tienen un año para preparar el alma. Para darle espacio a la fé en sus vidas y en su mirada. Para poder ver milagros.

Comentarios

Comentario: 

¿Y dónde queda el San Félix ese? No me suena.

¿Qué tipo de ciruelas?

¿Y la foto del cabro que el camarógrafo sacó con su celular??

Comentario: 

Pueden explicar como llegar a San Felix…?
Es un buen ligar para acampar…?
Que otros lugares conoces para pasar un fin de semana al aire libre…?

Comentario: 

Luis, San Felix es un lugar que da la oportunidad para respaldar la esperanza, debe existir probablemente en algún lugar, no obstante el pueblo al que se refiere el relato, es ficticio, lo más acercano a él en la realidad puede ser San Julian, queda camino a Santiago a 15 kilómetros doblando a la derecha por un camino de Tierra, dependiendo de tu aptitudes podrías acampar en él, sin embargo no se caracteriza por esa virtud (camping). sin embargo la gente es cariñosa y puede prestarte un ladito para instalar tu carpa, puedes encontrar lugares para hacerlo al final del pueblo.

ahhh… lugares para pasar el fin de semana al aire libre recomendaría los que quedan en tulahuén, en google earth se pueden encontrar, si cuentas con un buen auto puedes llegar hasta las ramadas de tulahuén, supe que no quedan muchas truchas esta temporada, pero los paisajes son eternos, muy poca bulla urbana, poco tránsito, y mucho hermoso espacio.

por otro lado te recomendaría pasar una noche en el Valle del Encanto, para eso debes llegar como a las siete de la tarde y hablar con los encargados para avisarle que te quieres quedar ahí. En el crepúsculo los zorros te van a visitar, y en el alba los pájaros te darán concierto.
atte.

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