Columna personal

Vivir en una nube y/o el último (primer) video de Junior Capacho

La habitación olía a calcetín de deportista, a bolso de futbolista, a toalla dentro de una bolsa plástica, a polera en el fondo del canasto.

Es que el dueño de pieza estaba durmiendo una siesta de caña desde medio día, y a las seis de la tarde con las ventanas cerradas el aire se convirtió en algo orgánico, palpable en su organicidad.

Pero el ser humano suele cultivar la amistad en esas complicidades, así es que vamos abriendo las ventanas, y poniéndole nombre al olor a jaula que tenía el lugar, prendamos una varilla de incienso, y despabilemos al feo durmiente.

Encerrarse a carretear en una pieza de soltero es un riesgo que solo algunos elegidos se atreven a vivir.

Ovalle entrega eso, familiaridad, consanguínea o circunstancial, siempre aparece un compañero de escuela, liceo, instituto o universidad, lo que vuelve al final cada noche un gran recreo.

El circuito es generalmente el mismo en las primeras horas, sin embargo cambia a medida que el reloj avanza, y si bien uno puede planear ciertos lugares, casa de amigos, un par de bares, o El pub discoteque, como ruta inicial. Suele después de las dos de la mañana la noche convertirse en una aventura social que lo lleve a uno a compartir dentro de una inmensa discoteca clausurada, o en el mirador de algún valle, o en la casa de un administrador de fundo, o en un bosque cercano a un camping, o en un puente, o en una cueva, o en un llano, o en un trigal, o en algún valle encantado, o una secreta playa, o una cancha de fútbol rural o una escuela unidocente, en la pista de carreras de caballo, o el estacionamiento de un supermercado, o el techo de una bodega, o el interior de un bus en panna, o un calabozo, o una media luna digna de ser incendiada, o un bautizo de una guagua fea, o un casamiento sin novio, o un asado con jefe dando jugo, o una piscina sin agua, o una piscina con agua, o un totoral, o en un canódromo, o en un aeródromo, etc.

Al llegar la luz del día, el lugar suele intentar parecer normal o cotidiano, pero una vez que se visitó de madrugada carga para siempre con esa apropiación un tanto íntima que le da uno al reconocerlo en un contexto distinto al de un extenso carrete.

Yo he estado en alguno de esos lugares, otros me los contaron, Ovalle es pequeño y familiar, pero infinito en posibilidades para amanecer.

Ahh, el video de Junior Capacho aquí:

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