Columna personal

Pasión flamenca en Ovallito

Han pasado los días suficientes para resguardar el secreto y la identidad de los participantes de una ceremonia en la cual se rindió honores al pagano ritmo del flamenco.

Hace ya varias noches, en un salón habilitado para la ceremonia que conglomeró a seguidores del arte gitano arabezco, se seleccionó minuciosamente a seguidores de tan apasionante arte integral. La idea era que la recepción del baila’or invitado fuera a la altura de las circunstancias y que los participantes se acoplaran al primer arpegio.

FlamencoSe corrió la voz en importantes oficinas de la ciudad, se hicieron llamados en clave a distintas personalidades afines, se contactó a un maestro de Flamenco que da clases en la Universidad de Chile. Se coordinó el lugar y la hora adecuada. Se descubrió una receta tradicional de la Sangría a beber para equilibrar el frio de la estación, y se exigió señalar una contraseña secreta para no chacrear el evento.

Todo listo, todo dispuesto como diría un relator de fútbol. Y yo, el humirde reportero invitado, fui sobrio, y puntual. No me esperaba para nada lo trascendental de la velada.

En esta reunión es que se descubrió uno de los más hermosos cuellos que haya visto en persona.

La inusitada belleza, escondida generalmente por un velo de castaño rebelde, se dejó descubrir tímidamente, endulzado el candor con la sangría que abrigó las humanidades.

Un cuello fino, extenso y secretísimo, de una blancura virginal y antojando una suavidad angélica, los nacientes cabellos tensos de su nuca alienados en la misión del desproteger, en el afán de revelar permitieron la caída laxa de algunos mechones que jugaban con ese relieve nevoso, jugaban y lucían la ausencia de lunares herejes.

Sentí el flamenco esa noche, luché por sostener la mirada repartida y no caer en el embrujo inmediato de aquel cuello.

El baila’or, arremetía con sus tacos en el tingla’o, el vino dulce contra los pechos, el frío contra los cuerpos y aquella nuca contra mis ganas.

Me rendí por algún instante y me deslicé como un esquiador con mis ojos por los contornos y curvas tersas del músculo escaleno interior, blanquecino, puro, ventisquero de brisas irreverentes.

Las palmadas de los gitanos vocacionales, me azuzaban a explorar con la mirada. Alguna vez me sorprendió la sonrisa opuesta de la nuca hermosa, y contesté con un obnubilado gesto, envestido en la complicidad de contemplar el espectáculo flamenco.

Es de grandes reconocer las debilidades propias, mas yo no puedo sentirme tal, prefiero la pequeñez, prefiero imaginarme diminuto y colonizar ese cuello. Ser su dueño secreto.

La noche fría tornaba marfileña la superficie tibia de la piel.

Y deben lectores tratar de asimilar que ante tamaña proyección de pasión en el escenario, ante tan intensa evocación del sentir el arte desbocado, resulta una prisión irresoluta el no tocar, el no palpar, el no conocer con las manos.

Esa noche fui a ver a un gran baila’or, pero presencié un detonador de emociones, me expuse a una especie de embrujo gitano. En el hechizo pagano de los taconeos y rasgueos endemoniados conocí el deseo contenido de besar el llano, y generalmente sombreado espacio de un cuello, cual tallo sostiene un botón blanco.

Gracias a ese mago y su explosión de desenfreno, a los silencios abruptos de sus golpes que me despertaban del ensueño.

Esa noche fui parte de un grupo furtivo de amigos del canto, del baile, del arte y la historia. En Ovalle pasan cosas, sin bulla, camufladas en reuniones. Yo he aguzado los ojos y los oídos, y he percibido gestos de gente que se reúne en secreto.

Músicos en casonas por caerse planean tocatas y producciones, pintores entre muebles viejos se acompañan y se distinguen, poetas compartiendo en pubs y bares de gente corriente, escritores chateando en horarios de oficina.

Hay movimientos subterráneos en Ovalle, subhumanos, subfaranduleros.

Hay hombres anónimos que reciben a los asistentes con contraseñas, mujeres que bajo los abrigos guardan floreados vestidos andaluces, muchachos con mochilas cargando partituras, borrachos profiriendo versos cuidados, skaters ensayando pasos de baile.

Hay viajeros que dejan semillas y se vuelven permanentes pues su arte se ovallinisa.

Hay secretos, no tan certeros… que movilizan.

Comentarios

Comentario: 

baile final.

taca taca tac, los tacos del bailaor.
tun tun tun los latidos de tu corazón
la razón, no es asi, la situación
angelical no fue mas que fugaz.
como una estrella caída, vuelve al firmamento
seguro que no la viste?
pero si la sentiste volver
si el calor y el amor, llaman
donde queda la sobre exposición,
el exceso de vocación y la soberbia del escritor?
Humilde ja señor ja la vida devuelve
Mostrando las incongruencias citadas
La pequeñez si existe, entre tus piernas
Y los glaciares mencionados
Fundidos están a mi lado.
Y los sueños cuajados y planeados
La vida entera y sin envidia ni rencor
La verdad solo en bufón y la reina.
Algo para reír, y tu?
Ahora se porque rematado.

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