Columna personal

Aberraciones animales en San Félix

Aberraciones animales en San Félix

Pueden surgir buenas ideas con nueve huevos de pata en una canasta, las primeras que se me ocurren tienen que ver con tortillas, jamón, orégano, pimienta y champiñones.

A una ovallina muy especial se le ocurren otras cosas, a ella le preocupan los animales, y le fue fácil relacionar la canasta con la gallina clueca que se subía al tractor en abierto rechazo al gallo insistente.

–Anda solita, imaginando que tiene pollos, anda irritable, se aleja del grupo y cuando el gallo se le acerca la cosa termina en maltrato, me da pena, por eso le puse los huevos en un nido bien resguardado…– me cuenta. Yo la miro atraído y abstraído, la miro como siempre me genera mirarla.

La historia no es complicada, a los veintiocho días nueve patitos emergen, torpes, indefensos, desorientados y encuentran una madre maravillosa pero extraña, una gallina que no sabe nadar, que los llama inútilmente cuando encuentra un grano, que les enseña una y otra vez a rasgar el piso buscando bichos, pero sus hijos no pescan, de casualidad picotean un poco de pasto y se pasan el dato que eso está mejor que lo que mamá gallina ofrece, y se hacen los sordos cuando con cacareos roncos ella los llama para salir del charco, no entienden porque la madre no chupa el barro.

Los sentimientos de esta ovallina se mezclan creo yo, ya no sabe si sentir pena o alegría, si fue buena o mala idea.

Con los días gallina y sus patitos aprenden a tolerar las rarezas mutuas, la gallina espera un rato cerca del charco y ellos simulan interés en las maternales escarbadas de piso.

–Al menos se quieren, se buscan, tratan de entenderse.- dice Patricia. Yo la miro y me doy cuenta, esta mujer que es capaz de arreglar el mundo con su fe, capaz de solucionar cualquier problema con sus ideas locas, capaz de hacer feliz una gallina con 9 patitos.

Yo la miro y la sigo, como no entendiendo mucho pero aprobando sus ocurrencias, siguiéndole el juego confiado que nada puede salir tan mal si los buenos sentimientos respaldan una idea.

No creo ser importante para esta mujer, creo que me tolera, quizás me ve o me siente como uno más de sus animalitos necesitados y me entrega soluciones simples y concretas, me despierta el constante deseo de observarla y escuchar como dialoga consigo misma; ella busca mi mirada cuando las ideas se le cruzan y necesita que le hagan sentir que al menos una de sus ocurrencias simultáneas tiene sentido.

Me recojo en un sillón de su terraza y la miro, trato de hacer combinar su pañuelo de seda al cuello con sus bototos de minero, su sombrero de ala ancha y elegante caída con sus guantes jardineros.

patitos y gallinaAdivino la firmeza de sus formas a través de sus gestos.

La acompaño ensimismado.

Cuando creo ser el único animal que sigue un camino sin sentido, me doy cuenta del ganso crespo que protege a los patitos.

Un ave gruesa y fuerte que se acerca con propiedad a la gallina y que ésta sin tomarlo en cuenta no ataca como a cualquier otro ser vivo que se aproxime a sus chiquillos.

La gallina, el ganso, los nueves patitos, caminan.

La Patricia, yo, muy cerca.

Unas fotos, un testigo.

Sacudo la cabeza negando cuando me descubro pensando en amarla.

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