Columna personal

Jarana...

En la prensa de mi ciudad apareció hace ya algunos meses, varios en realidad, a cuatro columnas, en letras rojas, la noticia que unos guardias del recinto fueron sorprendidos en una animada juerga de padre y señor mío con alumnas en práctica de enfermería. El diario la califica sin más de «orgía». Un hecho como este me sacó risas y algo de envidia con los seudos vigilantes.

Ocurre que la figura de la enfermera es una de las fantasías eróticas más recurrentes en nuestras ensoñaciones sexuales. Por algo los disfraces muy eroticones de enfermeras se venden como pan caliente en nuestros sex shop (juntos con los de policía femenina, esposas incluidas). Creo que el más indignado era el jefe del piso de medicina, un doctor de apellido Barah, quien, según los mal pensados de siempre, es un bueno para nada. O un genio, pues le basta preguntar dónde te duele para luego mirarte como a un insecto para saber inmediatamente cuál es tu enfermedad. Acto seguido te extiende la receta y que pase el siguiente. En quince minutos atiende a veinte pacientes. ¡¡Qué manera de aprovechar bien el tiempo!!… Considero indispensable, para gloria y loor del género humano, que a ESTE ESPECIMEN MARAVILLOSO HABRÍA QUE CLONARLO. Guardarlo para semilla y poner uno o varios de ellos en nuestros hospitales públicos para atender a los ciudadanos comunes y corrientes, que tenemos que acudir a ellos, armados de una paciencia búdica para una espera de incierto tiempo. Eso si nos atienden, porque innumerables veces, cuando se ha esperado horas, las enfermeras nos disparan a boca de alma, la noticia que el esperado doctor no atenderá; con clones de Barah todo sería llegar y salir receta en mano en apenas media hora.

Bueno, como decía respecto de la algarabía de los guardias y las enfermeras, el más indignado era este doctor Barah, Los mal pensados (otra vez) creen que su enojo es por que no lo invitaron a la orgía.

Se dice (yo no lo creo) que en los recintos hospitalarios, lugares donde la vida se vive con particular intensidad dado la cercanía de la muerte, existe una abundante vida sexual en todos los ámbitos y sectores. Al parecer, la proximidad de la parca, desencadena unas ganas de vivir a fondo, (algo así como “a gozar a gozar que la vida se va a terminar”) y la mejor forma de hacerlo, para muchos, es tener todo el sexo que se pueda y con quien se pueda. Es ahí donde las enfermeras se transforman en estas figuras tan apetecidas y soñadas sexualmente.

Demás está decir que a los guardias fueron despedidos ipso facto y las agraciadas enfermeras en práctica están con el cuello al pie de la guillotina… Si hubiesen invitado al matasanos Barah, otro gallo les cantaría.

Letrador.

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Comentarios

Comentario: 

Creo que estas un poco equivocado (a). Primero: no eran alumnas de enfermería sino, técnicos del instituto santo tomás.
Y segundo; el mçedico de medicina que se molestó tanto por esta situación no es de apellido Barah, sino Arab.
En lo que sí tienes basatante razón es que en realidad no tiene idea donde está parado!!!!

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