Columna personal

On' Baucha

On' Baucha

Fue para una cosecha de trigo o de papas cuando apareció en medio de un grupo de afuerinos que seguían la temporada de trabajo, un día aquí y otro allá. Un sábado continuaron su andar migratorio, pero él se quedó. Lo notamos recién al lunes siguiente, se presentó muy temprano con los trabajadores estables a la llavería y esperó la “destiná”.

On’Baucha, quizás llamado Bautista, esperó. No pidió trabajo ni contrato, sólo esperó. Y así durante varios días, calladamente esperaba escuchar su nombre. Al cabo de un tiempo el mayordomo habló con el administrador del predio y éste, quizás compadecido, habló con el patrón, quien sin pensarlo ni mucho ni poco, dijo que lo tomaran y lo mandaran a regar la viña.

La viña estaba recién plantada y el patrón quería regarla lentamente, con poco agua, evitando torrentes que socavaran sus hileras. Tal vez por ello prefirió al viejo que a un regador joven.

On’Baucha era viejo, bajito y tocado por un sombrero sin forma. Una manta desgastada y bototos de deshecho militar, complementaban su tenida. Bajo el ala del sombrero aparecían mechones blancos, tenía un rostro arrugado y ojos claros, profundos y sabios, como los de quién ha vivido y visto mucho en su vida.

- On’Baucha, a regar la viña! Tronó la voz del mayordomo y el viejo sin preguntar por contrato o sueldo, se echó al hombro el atadito que siempre lo acompañaba y siguió a los peones por el callejón que partía en dos el fundo.

Al caer el sol, cuando regresaban para devolver las herramientas y recuperar la ficha que entregaban a cambio de ellas, con pasitos cortos, lentamente llegaba On’Baucha a dejar su pala. Días, semanas, siempre el viejo a regar la viña. Un día el administrador dijo al patrón:

- Vaya a ver la viña y lo que ese viejo loco ha hecho!

El patrón partió preocupado por el anuncio, pensó en sectores secos, en plantas arrancadas y ensayó un rosario de garabatos para el viejo. Cuando llegó al lugar vio entrar el agua a raudales por la bocatoma y no le cupo la menor duda del desastre que encontraría más adelante.

Lo buscó con la mirada y le encontró dando pasitos cortos por la cabecera del cuartel. Con asombro descubrió los pedazos de lata, restos de tubos y trozos de planchas, con que el ingeniero hidráulico que había en el viejo, había aprovechado para construir sifones, desvíos y uniones, que amansaban el torrente y lo dividían en innumerables chorritos, que obedientes a su sabiduría, regaban lentamente de una planta a otra.

Se acercó a él y aliviado le dijo:

- Muy bien On’Baucha! A lo que el viejo, como era su costumbre, no contestó. Le miró sin miedo ni insolencia y continuó caminando a pasitos cortos.

Como a los dos meses, sin faltar nunca a su diaria labor, apareció el viejo llevando no sólo su atadito, también un perro. Pequeño, descolorido, tranquilo, sin ladrar ni jugar, se sentaba al lado de On’Baucha a esperar la novedad del día:

- On’Baucha, a regar la viña! Partía entonces el viejo y el perro tras él; ya en la viña se echaba junto al atadito y esperaba el término de la jornada.

Llegó el invierno suspendiéndose el riego ¿qué hacer con el viejo? El administrador nuevamente habló con el patrón, por si lo despedían, lo que era imposible puesto que…nadie le había contratado.

Intuitivamente el patrón ordenó que le dieran una “peguita” en la llavería. Quizás le tenían pena o bien, sabía de lo que era capaz el viejo. Desde entonces la última orden del mayordomo era: On’Baucha a la llavería! Y el viejo cruzaba el patio con el perro pegadito a los bototos. Empezó por arreglar algunos aperos viejos, en sus manos cobraron nueva vida, pese a ser duras y grandes, eran dóciles para tejer, amasar, sobar o trenzar el cuero. Correas y tientos parecieron nuevos; las riendas, lazos y cinchones recuperaron su aspecto primitivo.

Y así, pasaron dos veranos, en los que regaba la viña y dos inviernos, en que trabajaba en la llavería. Un día apareció solo, sin el perro que no tenía nombre. Se le conocía por “perro”, sólo “perro”. Si el viejo estaba triste, no lo dijo. Como a los dos meses desapareció tal como “perro” lo había echo. Al tercer día le informaron al patrón, quien, encariñado con el viejo, de inmediato envió al llavero a buscarlo, por si estaba enfermo. Solo entonces se dieron cuenta…que nadie conocía su domicilio.

Se le buscó y preguntó por él en todas partes, incluso fueron al Retén de Carabineros cercano, donde se enteraron que el viejo no había hecho nada malo, por lo tanto, se despreocuparon de él. Algunos dijeron que se había ido siguiendo al perro, tal como “perro” lo había echo antes. Otros decían que, le habían matado al perro y que al saberlo habría muerto de pena. La verdad nunca se supo ni nadie encontró al uno o al otro…

Muchos años después, volví al fundo y fui hasta la viña donde aún quedaban restos de tubos y latas. Era una viña de veinticinco años, fuerte y hermosa, regada por un sistema de goteo. De pronto, entre una de sus hileras, me pareció ver la figura de un perro y cerca de él, un atadito…

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