Nostalgia

Todo lo que tenga que ver con recuerdos de Ovalle.

Susurro de los molinos de viento XXI - Las cartas de La Esmeralda

La Esmeralda, vehículo con nombre de mujer o de aquel barco del que tanto habla la historia chilena, era parte de la vida de la calle, de ese pueblo legendario que ya no es desconocido en el resto del país. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XX - El teatro de los Campitos

Los Manchados eran mala gente. Difícilmente se llevaban bien con alguien. Cuando los recuerdo, pienso que ningún vecino los quería. El Manchado Viejo, La Manchada y El Manchado Joven. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XV - El Soldador

La noche en que se suicidó el Flaco Herrera frente a la iglesia, el hombre que se ganaba la vida tapando huecos y componiendo utensilios usados, se despertó asustado. El estampido había sonado seco, inusual en medio de la oscuridad. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XIII - Don Chuma

A veces pienso que a los punitaquinos los bautizaron con vino, Norma. Parece que estuviesen secos por dentro como si se hubiesen comido un saco lleno de arena y para remojar el estómago necesitaran tomar gran cantidad de líquido, beben pisco, vino, cerveza, llenan generosamente las copas para vaciarlas una tras otra en las noches de farra. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento IX - El tío Carlos y la tía Elena

Al tío Carlos lo conocí viejo. Era menudo, delgado, severo y meticuloso. Había recibido el legado de una habilidad increíble. El hombre podía hacer una llave artesanalmente, casi al ojo, le bastaba con copiar el molde en un trozo de jabón y el asunto era pan comido. Cogía la lima y comenzaba a gastar el hierro, con paciencia envidiable. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento VII - El Piloto

¿Y qué será de El Piloto, el amigo de Waldo? El Piloto estará empapando con pisco la pena que lleva por la muerte de su padre que se quedó entre los hierros retorcidos de su auto en un accidente de tránsito. Cuando se enteró de la noticia dicen que estaba bebiendo desde hacía horas con Elvira, la mujer ajena que trabajaba en el viñedo de la Media Hacienda. El Piloto la conoció mientras empacaban uvas de exportación, miles de cajas por día que ponían en los camiones que las llevaban al puerto de Coquimbo para ponerlas en gigantescos barcos refrigerados con destino a Arabia. Los árabes gustan de las variedades de uvas más dulces, relajantes que consumen a los postres convertidos en compotas y especímenes raros. Eso fue lo que me dijo un día El Piloto, Norma. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento V - Mi viejo y mi abuelo

Mi viejo, Norma. Era un gran conversador, pero un día no amaneció. Y te prometo que sentí un nudo terrible en la garganta cuando me lo contaron. Comprendí que nunca más oiría su voz, sus historias. Supe que jamás volvería a verlo descansar en esas tardes pueblerinas, cuando se sumía en su silencio campesino. Es verdad que hacía meses que no decía nada y que sólo causaba preocupaciones y todos sufrían por su dolor. Su cama quedó vacía pero todo lo demás quedó mucho más vacío todavía, ahí fue cuando me di cuenta que el viejo no solamente vivía, sino que existía. En el yunque, en el martillo pesado, en las herramientas, en esas cosas sencillas. En ese molino de piedras que recibía granos de todos los alrededores de Punitaqui. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento III - El Cojo Pepe

El Cojo Pepe llegó a la vida con el espíritu corrompido. Todo el mundo sabía que había nacido lisiado como fruto de un amor entre hermanos. En la escuela se burlaban de él a causa de su defecto físico. Se crió con unas tías que lo cuidaban, eran costureras y de chiquito el cojo las veía dar puntadas en la ropa ajena hasta la madrugada. Seguir leyendo »

Historia de un Ovallito

Hay ovallitos por todas partes, en Costa Azul, en Costa Amarilla, en Nueva York, en Los Peñones, en Bubaneshwar, en Mamallapuram, en Pedregal, y en muchas otras partes. El relato siguiente nos lo envía un ovallito que, dependiendo de la hora y el día, puede estar en cualquier lugar del mundo, un incansable viajero que se dedica a capturar imágenes en un Crucero:

Margarito fue el primero que vi, cuando llegué a trabajar a la enorme cocina del barco. Hombre de raza negra, cincuentenario, robusto, pero de baja estatura, intimidante al grado de jamás mencionarle que el tamaño de sus manos me recordaban a un gran gorila.

Margarito no hablaba con nadie, era un tipo raro, pero no incomodaba, solía comer parsimoniosamente sus plátanos fritos a la hora del descanso. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento II - El Huaso Mena

“El Huaso Mena -decía mi viejo- era valiente pero también bribón. Un zapatero remendón que disimulaba hábilmente las fechorías. Fue asaltante de caminos. Montaba un caballo negro que le ayudaba a camuflarse en la oscuridad de la noche. Del mismo color era su ropa, el sombrero y el poncho”. Dicen que el bandido ensayaba la puntería templando un cordel en dos árboles y le disparaba con el revólver calibre 38. Primero lo hacía a veinte metros, luego a veinticinco y así hasta que llegó a darle a cincuenta metros. Gastaba decenas de proyectiles. Hacía la primera muesca y ahí mismo le iba dando los balazos hasta que cortaba la soga. Una vez la cortó en tres disparos. “Yo no tengo que fallarle a la cabeza de un cristiano a cincuenta metros. El Huaso Mena tiene que salvar la vida cuando lo persigan los pacos. Eso, si le comprueban que ha robado”, manifestaba a los amigos mientras se agarraban a beber una ponchera grande de pisco con Pepsi-Cola y tajadas de limón. Seguir leyendo »

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