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Combarbalá

Los Remolinos del Tranque

La pareja de ancianos abstraídos contemplaban melancólicamente las aguas del embalse, mientras unas cuatro velas reblandecidas y tristes, se extinguían lentamente sobre una pequeña roca en el abismo del cerro. Era un día de sol claro después de las lluvias. La cascada de aguas liberadas por las compuertas formaban un arcoíris a esa hora de la mañana. Desde el mirador, cercano al puente de cimbra, sus miradas compenetradas parecían buscar un objeto en la gran masa de agua. Nuestra curiosidad por ver la abertura de compuertas del tranque rebasado por las aguas nos había dirigido hasta allí. Nuestro grupo de amigos adolescentes, al acercarnos a ellos, les saludamos respetuosamente antes de cruzar el puente. Entonces, el hombre de aspecto humilde, con sus ojos azulados y esperanzadores de respuestas nos preguntó -¿Han visto los remolinos en el agua? – ¡No! respondimos en coro. - Cuando las aguas suben al nivel máximo aparecen estos remolinos y también en las noches de luna llena. - Nos comentó.

El Piano de la Escuela América

Al escuchar ese viejo Piano, en la fúnebre misa de réquiem en despedida a un recordado Amigo, en la Parroquia de San Francisco de Borja, las notas mortuorias, negras y secas reventaban la caja del Piano y retumbaban sobre las paredes anchas y amarillentas del templo. En conjunción los presentes, por la misantropía del funeral no dejaban de envolverse en los acordes de las cuerdas golpeadas con desprecio a la vida y reavivando el triunfo de la muerte.

La Mina del Negro

Durante los años secos, en torno al año 1924, muchas familias por necesidad, se agolparon a los desmontes de la Mina del Negro, y escarbando entre piedras daban vueltas las pilas estériles de materiales extraídos de las entrañas de la mina. Su dueño, había autorizado el pallaqueo misericordioso a ese grupo de trashumantes que al final del día volvían a sus chozas con unas chauchas desgastadas. En ese entonces, el Negro daba y el Negro quitaba; daba las esperanzas míseras a tanto hombre, mujer y niño de encontrar el sustento en un trozo de sulfuro o pirita olvidado entre la saca inerte, plomiza y cenicienta por el carburo extinguido de las lámparas mineras. Y, quitaba, a quienes seducidos por la avaricia intentaban tomar algo más que no les perteneciera y que fuera ajeno a la simplicidad lógica de la misericordia. El Negro era sabio, el Negro daba y el Negro quitaba…

Los Barrancos del Diablo

El Barranco Reinoso, allí donde por décadas ha reinado El Diablo, se mantiene erguido e imponente, entre los farellones rocosos verticales y rojizos que flanquean la estrechez del río de Pama. En ese punto de estrangulamiento, de paso obligado, en la cabecera norte del valle fértil, permanecen enhiestos los Barrancos. Allí, donde las aguas agargantadas y turbulentas viajan culebreando, eludiendo pendientes, saltos y meandros para remansarse en enormes lagunas de aguas claras y profundas, asimilando espejos de aguas, en donde se reflejan los barrancos rojos bermejos. Moles de piedras de apariencia calma, sumidos en sueños de letargos apacibles para decenas de bañistas que acuden al río en la época estival, sin conmensurar la maldad misma de la existencia del Demonio.

Tengo el presentimiento de que los que lean esta historia, me tratarán de fantasioso e insurgente que infunde el miedo en su relato. Acepto las críticas y lo que piensen al inicio de estos dos reglones, por lo demás, no soy el único insurgente que atestigua ante la justicia y dice aberraciones a fin de indultarse. No es mi caso, y no pretendo ver más allá de lo que algunos amigos de Combarbalá pueden atestiguar, y de ello doy fe a ciegas. Y si no lo quieres creer acércate el primero de noviembre del año presente y verás cómo se comporta el gentío en torno al Puente Viejo.

Yo participé expectante, de una historia que por bochorno es incontable, para mi persona, para mi enamorada y muchos otros fulanos. Pero el amor furtivo y la falsedad de los comentarios queda afuera del misterio y, el mismo misterio es una vacanada respecto a lo vivido en aquella noche del viernes 11 de noviembre del 1910.

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