Hugo era el nombre del amigo y sus apellidos Torrejón Cortés. Nadie como él para hacer un dibujo, estuvimos en cuarto, quinto y sexto curso de la escuelita. Recuerdo que era bajito, blanco, de la piel un poco colorada. Peinado hacia atrás, gordito porque simplemente comía bien, buen apetito sin llegar a ser goloso ni obeso. Hábil como nadie, ninguno de nosotros podía superarlo dibujando, los lápices de colores –aquellos a los que le sacábamos punta con una hoja de Gillette- parecían vivos en sus manos, Norma. Seguir leyendo »