Punitaqui

Susurro de los molinos de viento XXVII - Incendio en la mina

Es el pueblo, Norma, con ese vientecillo que sopla suavemente cuando viene el cambio de las estaciones. El pueblo y el tiempo con aquellas cosas de la calle que hoy se sienten diferentes pero que en lo más secreto de su espíritu siguen existiendo. Como aquella noticia que se propagó a todos los rincones. Una mañana alguien dijo: “se incendió la mina”. Y literalmente era así. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XXVI - Los ojos de mi hermano

Son tantos los recuerdos, Norma, que sería imposible escudriñar en todos ellos. Pero te puedo asegurar que dejaron una huella en la melancolía, en el amanecer de cada día, en cualquier madrugada, en mi tiempo que aún no se me ha perdido. En los recuerdos incrustados en los propios recuerdos. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XXV - El maestro Sequeira

Yo no sé de donde asomó el maestro Sequeira pero existe en mis recuerdos. Ignoro por qué nadie lo menciona como si todos se hubiesen olvidado de él y eso me parece triste, demasiado triste, Norma. Debo reconocer que ni siquiera me acuerdo de su nombre aunque sí de su figura. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XXIV - Doña Rosa Tapia

¡Qué te digo, Norma! En vano traté de hallar el mismo sabor en el pueblo. Y ya no estaban los mismos rostros. Había otros nombres. Quizás la calle era casi la misma, mas no toda la gente. Se fue del poblado. Otros murieron, los que quedaron, si antes eran jóvenes, ahora ven a sus nietos correr por la calle pavimentada, por el patio con durazneros y árboles de damascos. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XXIII - Pueblo Viejo

Los dieciocho de septiembre me parecían increíbles, Norma. Cuando estábamos en la escuela anticipadamente sentíamos una alegría especial. Unos cuantos días antes la banda municipal ensayaba cada tarde con dedicación única, marchas alusivas a las festividades y algunas canciones populares cuya melodía se expandía por toda la calle. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XXII - La Cacharra del pan

Y por la calle de nuestro pueblo, por donde nunca más se vio a La Esmeralda y en la que parece que se hubiese quedado flotando el espíritu de los viejos, por ahí, por ahí pasaba el pan fresco, Norma. Es como si sintiera su aroma en las burbujas del recuerdo. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XXI - Las cartas de La Esmeralda

La Esmeralda, vehículo con nombre de mujer o de aquel barco del que tanto habla la historia chilena, era parte de la vida de la calle, de ese pueblo legendario que ya no es desconocido en el resto del país. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XX - El teatro de los Campitos

Los Manchados eran mala gente. Difícilmente se llevaban bien con alguien. Cuando los recuerdo, pienso que ningún vecino los quería. El Manchado Viejo, La Manchada y El Manchado Joven. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XIX - Perico “Patefierro”

A veces, Norma, retrocedo en las décadas y me proyecto a lo vivido. Me veo en la calle jugando a las bolitas con el Perico “Patefierro”. Un muchacho alto del pelo crespo, bien ensortijado, trigueño, ojos verdes. Como cualquiera de aquellos alumnos de la escuelita que no tenía muchos recursos económicos, él iba a clases descalzo. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XVIII - Hombre de la tierra

Por momentos, Norma, tenía la impresión de que los viejos nuevamente andaban por la calle Caupolicán. Que pasaba don Daniel Cortés montado en el macho tordillo, acompañado de alguno de sus hijos, mis grandes amigos: Ñelo, Beto o Manolo. Don Daniel fue siempre un hombre de campo, trabajador, amante de las siembras y los animales. Seguir leyendo »

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