Punitaqui

Susurro de los molinos de viento XLVI - Amigos que no he vuelto a ver

El Pelado Villalobos siempre fue un niño tranquilo. Siempre recuerdo que su eslogan era: “me llamo Lorenzo y en tu hermanita no más pienso”. Tez blanca, mediana estatura, frente despejada, peinado hacia atrás, pelo liso ligeramente castaño. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XLV - Apariciones y desparecidos

Me acuerdo que el hombre derramó unas cuantas lágrimas. Sentí que eran puras, Norma. Se le cayeron humedeciéndole el rostro, las dejó escapar libremente sin cohibición alguna. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XLIV - Era invierno

A veces, cuando me sumerjo en el pozo insondable de los recuerdos, en medio de las nostalgias que parecen llamar a una lluvia triste, hay nombres que se escapan de la memoria. Otros, emergen como desde un abismo profundo donde jamás podrá alcanzar la luz, pero igual llegan. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XLIII - El Cerro Grande

Punitaqui siempre ha estado rodeado de cerros, Norma. Cerros por todos lados, algunos parece que se irán encima del pueblo, otros, simplemente están más lejos, pero igual forman parte del paisaje. Nuestra tierra es un valle, “único, nada como Punitaqui”, decía mi amigo René cuando lo recordaba, cuando luego del último viaje nos metíamos a la selva y pensábamos en todo lo que había quedado atrás. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XLI - Hotel Buenos Aires

Quienes conocieron la historia siempre dijeron que el hombre era un viejo minero, Norma. De aquellos que pueden hermanarse con las profundidades de la tierra sin conocer el miedo y si lo tienen, lo cambian por la resignación, saben que su mundo es la oscuridad sin necesidad de ser dráculas. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XL - Los cumpleaños

Los cumpleaños en Punitaqui siempre fueron un día especial. Eran parte de las ilusiones infantiles, Norma. Cuando se me vienen a la memoria, inevitablemente surgen dos nombres: el Chato y el Samy. Dos nombres para dos amigos inolvidables de la infancia con quienes compartimos hermosos episodios y juegos, forman parte de los recuerdos que jamás han sido derrotados por los años. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XXXIX - El Pato Pastén

Ese Pato Pastén!, lo siento inolvidable, Norma. Y no se llamaba Patricio, su verdadero nombre era Segundo, así lo conocí. No lo vislumbro en alguna de las salas de clases de la escuelita, creo que él –si es que completó la primaria, tengo la idea que sí- terminó unos cuantos años antes la etapa escolar. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XXXVIII - Calle de evocaciones

Esa calle dice de evocaciones, Norma. De épocas que pertenecieron al tiempo. Yo sé que Punitaqui ya no es el mismo, pero sigue siendo nuestro y ese pueblo nuestro, para nosotros es y siempre será diferente. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XXXVI - Madre campesina

La mujer vino del campo, Norma. Llegó al pueblo un día cualquiera y nadie reparó en ella. Irradiaba timidez, humildad campesina. Posiblemente traía un atado de ropa metido en un saquillo de color blanco con la boca bien amarrada para que no se fuera a perder nada. Seguir leyendo »

Susurro de los molinos de viento XXXV - Recuerdos son recuerdos

Los recuerdos son los recuerdos, Norma y siempre permiten viajar hacia lo retrospectivo. En cuarto curso de preparatoria me regalaron a “Bonzo” y evocar la historia de mi perro me transportó a unos pocos años antes, plena infancia, cuando luchaba por aprender a escribir y leer. Entonces el panorama era muy diferente. Seguir leyendo »

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