Huamalata

Prólogo del libro "Queso de Cabra"

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Nuestro amigo José Manuel Gaete, cuyos inspirados escritos puedes encontrar en nuestro sitio, está pronto a publicar su primera novela, ambientada en Huamalata, Ovalle y el Norte de Chiel, la que llevará por título Queso de Cabra. A modo de avance, ha querido compartir con nosotros el prólogo de la misma, escrita por Ramiro Iglesias, escritor tan imaginario como los protagonistas del libro.

El Chamán de Huamalata

Con su sombrero alón de paño gris y su encanecido bigote de mefistofélicos extremos, don José contemplaba el prístino galope de los días, arrellanado en su sillón infatuado de herméticos avatares…miraba hacia la polvorienta calle Prat, aquella que diariamente recorrían los seis neumáticos de “la

Tradiciones que el tiempo sepultó en sus ramadas

Entre cuecas y tonadas llegaba a la fiesta la dupla inolvidable, la más perfecta combinación de dos opuestas fuerzas universales: Dionisio y Apolo, señera dicotomía en la más rancia tradición cosmogónica occidental.

Entre cazuelas de pavo, chupilca y empanadas…

Entre cazuelas de pavo, chupilca y empanadas…

En el rodeo e’ los Andes comadre Lola, le pegaron su puñete al guatón Loyola…” al despuntar el 18 de septiembre, en ayunas don Celestino servía la chupilca, harina tostada con vino tinto, del quechua –cupilca- que significa harina mezclada con chicha; fécula de trigo tostada en la callana, vasija de greda utilizada por los incas para tostar granos de trigo y maíz.

El Olivo de Huamalata aún existe

Antes de venir estudiar a la Universidad de Antofagasta vivía en un pueblo llamado «El Olivo de Huamalata», mis años en el colegio fueron algo duros, pues el pueblo no dispone de los servicios básicos (agua y electricidad) y para realizar nuestras tareas mis hermanos y yo nos alumbrábamos con velas y después con una lámpara a gas que mi padre compró; a pesar de las dificultades mis padres nunca nos dejaron de recalcar la importancia que tenía para nosotros el estudiar y es así como logramos sacar nuestro cuarto medio y ahora mi hermana ya tiene el título de Licenciada en Pedagogía básica, a mí me queda sólo un año para titularme de Administradora Pública y mi hermana menor está cursando 2º medio y espera ser una profesional.

Los Cancerberos de Huamalata

Hoy he contemplado el mar de Antofagasta contra la bruma milenaria y, nuevamente, han ladrado los cancerberos de Huamalata… en los portones del alma; lo han hecho mientras la lluvia torrencial caía infatigable sobre las calaminas del ayer. Se ha tratado de un ladrido gutural que sigue taladrando los pulmones del orbe, y se acerca con su mirada de lobo infalible… cual aluvión de aguas ardientes… inundando las llanuras interminables del pretérito imperfecto de todos los verbos, porque más allá de los modos y las conjugaciones ha sido el recuerdo de mis perros, el que ha rugido otra vez, en la estepa más profunda de mi memoria: Duquesa, Gaucho y Rondán; aunque no haya en los cementerios del mundo una lápida, cuyo epitafio cante vuestros nombres contra el vendaval del olvido, he aquí vuestro homenaje, mastines o guachimanes de mis embarcaciones primeras.

Los volantines en el calvario de Huamalata...

Los volantines en el calvario de Huamalata y otros juegos multicolores, que iluminaron los caminos de la infancia, cuando el cielo nos abría sus corolas infinitas y un celeste prístino y profundo penetraba los intersticios pulmonares…

Los estudiantes sin micro de Huamalata

Desperdigados a lo largo y ancho del polvoriento camino, con sus inconfundibles uniformes… portando, rutilante en el bolsillo cardiaco, la insigne insignia del Liceo de Hombres de Ovalle, avanzan hacia el pueblo, con los intestinos crepitando de hambre, cua

Las Reinas o vestales huamalatinas

Entre el florecimiento de los duraznos y perales, en nuestro pueblo, hubo otras flores brotadas del amor rural y puro, como gotas de rocío perlando las hojas de los paltos de don Federico Salfate… ésas fueron nuestras reinas, las mismas que una noche inolvidable, precedieron el corso de carros alegóricos, sentadas en su cetro de flores y mariposas, mientras las estrellas danzaban silenciosas en la lejanía de la bóveda celeste. Querido pueblo de Huamalata, en un rincón especial de la memoria hemos guardado los rostros de tus reinas, porque ellas ornamentaron tus días y tus calles y nos hicieron acompañar la alegre y colorida comparsa, con una simple máscara y un velón encendido por la infinita ternura de nuestras madres.

Personajes típicos de Huamalata

A horcajadas en su Ford ’49, mudando viudas a título gratuito, cruzando los cauces del río Hurtado, desde Huamalata hacia Las Barrancas va Don Celestino, con su camión ñato -hasta las alas- dicen los niños, cargado de catres, calaminas viejas, cocinas de fierro, tambores, latones y el cerdo lechón junto al perro guardián, que ladra enloquecido desde la vieja carrocería de tablones apernados… y parece que ya cae al vacío ante cualquier bache del desastrozo camino.

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